Hoy termina otra semana bastante agitada. Terminamos
la instalación de las cámaras en Los Morados y estoy
empezando a sentir el cansancio de haber conducido
150 km por día durante 4 días. Claro que, como merecido
premio, ayer hemos almorzado cordero :-D Cocido en horno
de barro, un manjar...
Justamente hoy, que debería tener algo interesante para
contar para el "World-Wide Day in Science", me toca descansar
(o mejor dicho, hacer un trabajo más tranquilo en mi oficina).
Pero bueno, ya veremos que sucede de interesante.
Pensando en un comentario sobre una de las entradas que escribí
anteriormente, me puse a reflexionar sobre que cosas son las
que impulsan el progreso de la ciencia. Que cosas hacen
que sigamos adelante con la investigación, cuando parece que
ya todo lo importante se ha descubierto. Del lado romántico e
idealista, se me ocurrió que los científicos tenemos una
curiosidad innata que nos lleva a querer saber más y más sobre
lo que nos rodea. También es posible que sea por ambición,
por ser reconocidos o por sentirnos superiores al resto.
Como bien canta el poeta catalán, ha de haber gente pa' todo.
Seguramente se pueden encontrar ejemplos de ambos tipos
de científicos, con sólo mirar un poco a nuestro alrededor.
Finalmente me puse a pensar en algo que está algo así como a
mitad de camino de los dos extremos y a lo que ningún ser
humano que conozco puede escapar. La tentación de conseguir
aquello que es imposible. Pasa en todos los órdenes. Cuanto
más difícil es conseguir algo, más lo deseamos. El ejemplo
de manual es el de un amor imposible y el que no haya pasado
por esto que arroje la primera piedra.
Digo que esto está a mitad de camino porque es al mismo tiempo
algo que traemos muy dentro nuestro, que nos lleva a superarnos
venciendo obstáculos, y algo tan bajo como la ambición desmedida.
Porque, reconozcámoslo, muchas veces perdemos interés por lo
que buscábamos en el preciso instante en que lo conseguimos.
Siguiendo esta línea de pensamiento, supongo que a todos los
científicos nos ha pasado algo parecido. Siendo niños debemos
haber vuelto locos a nuestros padres con preguntas como
cuantas estrellas hay, de que está hecho el sol, cómo hace
un avión para volar o por qué el cielo es azul y no verde.
En algún momento, seguramente, nos habrán dicho que eso no
se puede saber (o que nadie lo sabe), sólo para que nos
dejásemos de molestar. Y ese fue uno de los disparadores
de nuestra curiosidad. ¿ Cómo es posible que nadie lo sepa ?
Cuando todas las personas que conocemos son incapaces de
responder la pregunta, el paso siguiente es ir a los libros.
Eso se llama "buscar bibliografía". Lo habremos hecho de
niños y lo seguimos haciendo revolviendo publicaciones
científicas para saber si alguien pensó lo mismo antes que
nosotros. Cuando no encontramos la respuesta, entonces
no queda otra que investigarlo por nuestra cuenta. Y
ahí tenemos el principio de un nuevo trabajo científico.
Y todo por no aceptar que hay cosas que es imposible saber...
Nunca pierdan su curiosidad infantil. Nunca sientan
vergüenza de preguntar. Quién pregunta pasa por tonto por
un instante, el que no lo hace puede serlo toda la vida.
Y nunca dejen de perseguir un imposible, mientras no se
transforme en una obsesión. Quizás lo que a primera
vista parezca imposible, termine no siéndolo.
Hasta la próxima
Gracias por estas palabras que inspiran!
Posted by: Jennifer | May 04, 2005 at 02:40 PM
Gracias por tu comentario, Jennifer. Escribí simplemente lo que
sentía (en un día optimista ;-) ). Y gracias por leerme.
Posted by: Julio | May 11, 2005 at 11:35 AM